Zaragoza y la Expo 2008, vistas desde fuera: cuando The Independent nos descubrió al mundo
"Spain's hidden secret": la Zaragoza que descubrió el mundo en 2008
Con la Expo Zaragoza 2008 a punto de comenzar, el diario británico The Independent publicó un reportaje en vídeo que definía a Zaragoza como "el secreto mejor guardado de España". Su mítico corresponsal de viajes, Simon Calder, condensaba "48 horas en Zaragoza" en apenas 15 minutos de metraje, presentando la capital aragonesa como una ciudad que combinaba "un rico pasado, un delicioso presente y un futuro apasionante". Aquel reconocimiento internacional, recogido en su momento en el blog de Jumosol a través del bloguero aragonés Ramón (ramonananos), suponía un motivo de orgullo para cualquier aragonés: ver cómo un medio de referencia mundial ponía el foco en la tierra que, entre otras muchas cosas, produce la cebolla dulce de Fuentes de Ebro.

Lo que se vivía aquellos días: 93 jornadas irrepetibles
Entre el 14 de junio y el 14 de septiembre de 2008, Zaragoza acogió la Exposición Internacional dedicada al "Agua y desarrollo sostenible", con la participación de más de un centenar de países y una media diaria de espectáculos que convirtió aquel verano en algo irrepetible. Quien se acercaba al recinto del meandro de Ranillas podía vivir, en un solo día, experiencias que ninguna otra ciudad española ofrecía entonces:






El despertar de la serpiente, la cabalgata diaria creada por el Cirque du Soleil —con unos 80 artistas en escena— que reinventaba el concepto tradicional de desfile para narrar la leyenda del Ebro. El hombre vertiente, el poético espectáculo nocturno de agua y acrobacia que se convirtió en el icono emocional de la muestra. El Acuario Fluvial, el mayor acuario de río de Europa, con especies del Nilo, el Mekong, el Amazonas, el Darling y el propio Ebro. La Torre del Agua, de 76 metros, con la escultura Splash en su interior. Y Fluvi, la mascota diseñada por Sergi López, que conquistó a los más pequeños. Todo ello, con el Pabellón Puente de Zaha Hadid como puerta de entrada monumental sobre el Ebro.
Desde Fuentes de Ebro, a apenas 25 kilómetros, vivimos aquellos meses con la sensación de que el mundo, por fin, miraba hacia nuestra tierra: la misma vega del Ebro que da carácter a nuestra cebolla dulce era ahora escaparate internacional del agua y la sostenibilidad.
18 años después: el acierto de reinventar el recinto
Casi dos décadas más tarde, el balance urbanístico de la Expo es visible para cualquiera que pasee hoy por Ranillas. Los grandes pabellones encontraron una segunda vida que pocas exposiciones internacionales pueden presumir de haber logrado:


El antiguo Pabellón de España y los edificios Ebro acogen desde 2021 la Ciudad de la Justicia de Zaragoza, que reunió en el recinto todos los órganos judiciales de la ciudad. El resto de pabellones se transformó en un parque empresarial que hoy roza la plena ocupación, con miles de trabajadores diarios. El Pabellón Puente de Zaha Hadid reabrió en 2020 como sede de Mobility City, el museo de la movilidad de la Fundación Ibercaja. El Palacio de Congresos sigue siendo uno de los motores de turismo de reuniones de Aragón. Y el Acuario de Zaragoza continúa siendo el mayor acuario fluvial de Europa.
Queda, eso sí, la gran asignatura pendiente: la Torre del Agua, el edificio más emblemático de 2008, que aún no ha explotado todo su potencial. El proyecto en marcha para convertirla en el Faro de la Logística aragonesa apunta a que su segunda vida podría estar, por fin, cerca.
Aquella Zaragoza que Simon Calder describió como un secreto escondido ya no lo es: la Expo la puso en el mapa, y su legado —como las buenas cebollas— ha ido madurando con los años.










